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GTAC – por Dani

Las 5:15 de la mañana, suena el despertador y toca levantarse. Apenas he dormido 4 horas. Me noto cansado ya que llevo una buena temporada a tope de trabajo, hasta le digo a Ro que no quiero salir, que me deje dormir. A la hora de desayunar apenas me entra una tostada y un café, maldivos nervios.

gtac carma

Bajamos para la zona de salida, paso el control de material y empiezo a calentar un poco articulaciones, un poco de trote y poco más. Llegan el resto de compañeros del equipo charlamos y hacemos la CARMA FOTO.

gtac carma foto

Hora de la salida, la verdad que bastante rápida, es cuesta abajo claro pero en unos cientos de metros esto cambia y pica hacia arriba subiendo para Seoane. Intento no perder la cabeza de carrera aunque en este momento vamos mezclados maratón y ultra. La primera parte pica hacia arriba, así que uso los bastones para coronar el Taro Blanco, aquí paso en la 2ª posición, bajamos por camino no muy técnico, me pasan 2 corredores, pero no vamos ni en el km8. Queda mucho.

Ahora toca coronar Castro Brío. Al hacerlo guardo los bastones porque toca una bajada súper técnica entre árboles y muy resbaladiza, que llegaba a una pista que conectaba con el Val das Mouras, un sitio alucinante, pena de ir corriendo. Sigo bajando con cabeza porque aún queda mucho alcanzo al 3º corredor que se había perdido, llega el 2º avituallamiento y el casi ni para, en este está Ro esperando con el las bebidas listas para rellenar. Como algo y salgo.

Toca un tramo bastante rápido por el río Lor pero con zonas algo técnicas, sigo a lo mío tratando de no pasarme de ritmo ya que aún quedan bastantes petadas. Llego a Folgoso 3º avituallamiento k24 donde me espera Ro, aquí saco los bastones porque toca subir a Pico do Coto, al coronar los recojo con la coña de que no me fijo en las balizas y regalo metros positivos. Doy vuelta y sigo bajando hacia el Pontón por una bajada que se las trae, pero cada vez voy con más confianza, al llegar abajo hay unos bidones con agua cojo el vaso y bebo un par de veces. k30.

Salgo y vuelvo a sacar los bastones para subir hasta la cueva donde los recojo y saco el frontal, se podía hacer sin el pero mejor así. Ahora tocan 5 km sube baja hasta el colegio de Seoane donde me suelto un poco y me lo paso pipa.

Llego al colegio k36. Paso el control de material, como bien, hablo con Ro un poco y bebo bastante.Ahora empieza la carrera, siempre voy mejor con el paso de los kms y había guardado bastantes fuerzas.El 3º a 5’ y el 2º a 10’ más o menos, mi intención es adelantarlos subiendo Penaboa, porque sé que mi fuerte es subir.

gtac por dani

gtac dani y ro

Salgo y Ro me acompaña unos metros animándome, empieza la primera cuesta y bastante bien para los km que llevamos, antes de llegar arriba ya diviso al siguiente competidor, la última parte de la cuesta bastante técnica con alguna trepa. Bajo por un camino bastante complicado de esos que no te permiten bajar la atención hasta el KV de Penaboa.

Vamos al lío empiezo, la subida trotando ya que el principio no pica mucho hacia arriba. Al llegar al avituallamiento de Ferreiros de Arriba me encuentro a Jose Manuel que iba en 3ª posición. Ro esta esperando con todo listo, mismo proceso, bebo como vuelvo a beber y salgo, mientras Ro rellena los bidones. Aquí me desprendo con la mitad de comida que porteaba por si me daba una pájara, a estas alturas de carrera con 100g de frutos secos e isotónico para dos bidones me es suficiente de reserva. Salgo y José Manuel se une, yo empiezo a tirar y en nada ya le saco 1’. En la primera parte de la ascensión ya veo a Moises que iba 2º, aprieto y llegando a la última zona ya lo veo más cerca, a 2’ como mucho. Al coronar no consigo adelantarlo. Justo cuando llegué él empezaba a bajar y el 1º salía del descenso de Fontes do Fedo.

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Aquí recojo los bastones y pierdo la atención con las vistas y venga torcedura en el sitio más fácil del día. Me siento y le doy movilidad al tobillo sin apoyar, veo que tengo molestias pero no dolor, menos mal tener que abandonar en este punto sería muy complicado para mí y para la organización. Por suerte no fue gran cosa y el 2’ estaba corriendo otra vez, eso si en esta bajada perdí mucho tiempo, parando en los riachuelos a enfriar la zona, aparte que era súper técnica y tuve que ir con mil ojos. Llegando al final se acerca Jose Manuel pero no me adelanta decide seguirme. El descenso técnico terminaba en una pista bastante corrible así que empiezo a soltarme para probar el tobillo, responde bien al impulsarme de metatarso y sin apenas molestias.

Empezamos a subir por pendientes que permitían trotar y lo pierdo, sigo apretando. Al girar una curva veo a Moises a menos de 200m, no me lo pienso y le doy caña hasta su altura, recupero unos segundos y sigo. Ahora es casi todo bajada hasta Moreda y ellos dos bajan bastante bien, así que tocar dar un poco más de mí y mantener el ritmo, la verdad que me encantó esta parte, pasando por soutos hasta llegar a un riachuelo que subía hasta Moreda, aquí si que corrí por culpa de las ortigas. Al llegar al avituallamiento ahí está Ro y se sorprende al verme en 2ª posición, mientras me avituallo llega Jose Manuel, ahora en 3ª posición, así que no tardo en marchar.

Toca subir hasta monte Cido y hacer el cresteo hasta el castillo, ahora ya con los bastones recogidos voy disfrutando de cada paso, me duelen hasta las pestañas, tengo las patas como palos pero sigo disfrutando e intentando mantener el ritmo. Ya pasando el castillo ahora es todo casi hacia abajo, pistas, caminos algo rotos, tramos de piedra, parece que no lleve 65k en las piernas. Bajo muy cómodo y en los repechos no me vengo abajo, esto ya está hecho puede más la cabeza que las piernas. ( Este último sector el más rápido de toda la carrera por el gps).

Total 70k en 9:40.

Llegando a meta me pasan infinitos pensamientos de alegría, rabia y satisfacción. No puedo describirlo con mas palabras, solo agradecer a Ro su comprensión y que me acompañe en estas locuras.

Salud y kms.

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Querido enemigo mío

Crónica personal de la “San Mamede desafío solidario”

Por JR

“El mayor despeñadero, la confianza” (Francisco de Quevedo)

Han pasado veintiún días desde la cita convocada para la ‘VI edición del Ultra Trail do Barbanza’ de Arousa Neo. Tras el bache, me encuentro preparado para afrontar otra prueba de trail. Me animo con la “San Mamede” ourensana de 21 km. Dos docenas de pura montaña.

Esta es mi primera carrera federada y, también, la primera con tanto desnivel. Para mí significa adrenalina, pero también una dosis importante de nerviosismo – que por otra parte no soy capaz de disimular -.

Como siempre mi esposa es capaz de relajarme. Ella… y el precioso establecimiento en el que nos alojamos guiados por las buenas criticas en las redes. El Hotel Monumento Castelo de Maceda es un lugar con una magia especial – esa magia que desprenden los castillos- , a la que el Chef Carlos Parra adereza con su disposición, simpatía y recetas sublimes. (Anotad el “capricho de tortilla”, el “queso frito con miel”, y las carrilleras con salsa . ¡Espectacular!).

Llega el día y la hora. El punto de encuentro: Castro de Escuadro. (¿Quién puso allí ese pueblo?) Increíbles los “recunchos” que esconde mi querida Galicia.

Las piernas me tiemblan. Pero al ver a mis compañeros y su sonrisa cómplice, el hatillo de nervios se evapora.

Allí están media docena de “nécoras” motivadas: Ramiro Álvarez y su esposa Pilar, Alfonso Costas, Óscar Fernández, Millara, Aurora López y Javier Rodicio. Actitud de guerreros a punto de ir al combate. Mantenemos el tipo para la #carmafoto que atestigua nuestra presencia como equipo. Capitanea la misión el veterano Ramiro.

Me dirijo al cajón de salida. Bocinazo de salida de una oriunda buena aldeana. ¡Y comienza el combate!.

Salgo con un ímpetu que no he calculado bien, y pronto me doy cuenta de que debo bajar el ritmo. Dejo que los corredores vayan por delante. Escucho a Ramiro mientras me adelanta: “Vamos, compañeiro!”. Le contesto con una sonrisa.

Desde los primeros kilómetros me quedo a la cola de la carrera, y sin mucha preocupación disfruto del paisaje que me rodea. Llego al primer avituallamiento donde me espera una sorpresa: Encarna, mi esposa, junto a Pili y otras acompañantes, estaba allí animando. Sus palabras y sus besos me dan más confianza para seguir con la carrera al mismo ritmo en el que me estaba manteniendo.

No mucho más tarde, hacia el kilómetro 6 llega la gran subida del perfil.¡Cómo la disfruto! Cuánto mas subo más me detengo, y no es por cansancio, si no para ver las imponentes vistas que me ofrece la sierra.

Esta vez voy lento pero seguro. Disfrutando sin parar. Sin perder de vista las señalizaciones. Corro “con cabeza”. Algo que aprendí en la última prueba de trail. Piernas, caja, corazón y cabeza.

Llego al siguiente avituallamiento. Indicación de 9 kilómetros. Me preocupo por que me doy cuenta que los datos de mi reloj-que marca 10.500 metros- no concuerdan con la indicación del cartel. Todos mis cálculos van mal. ¿Qué pasa? De nuevo ese breve escalofrió que me recorre el cuerpo reaparece: eres tú, enemigo mío.

Una persona de la organización me indica que no voy a llegar al tiempo de corte. Ignoro (literalmente) sus palabras y continúo.

En unos metros llega la bajada de la montaña. Tengo que aprovechar para acortar el tiempo. En ese momento, antes de dar el primer paso para comenzar el descenso, noto tu presencia. Estás ahí. En silencio. Como el depredador a punto de atacar.

Te ignoro y esprinto como un rayo, saltando a brincos, ladera abajo. Miro el reloj, y por los datos que indica, me doy cuenta de que no voy a llegar. Intento engañarme convenciéndome de que puedo conseguirlo y aumento la velocidad. No es suficiente. Al final, en el kilómetro 14 , me invitan a abandonar por no llegar al tiempo de corte.

Noté tu risa, tu carcajada, tu burla, creía que había vencido en la sierra do Barbanza, pero me equivoqué. Me confié y tú, en el silencio absoluto, dejaste que me derrotara a mí mismo. Mientras más lo pienso más me enfurezco.

He sido derrotado. Esta vez no hay ninguna excusa. He fallado y tú has vencido. Pero, en boca de Simón Bolívar, te digo, querido enemigo mío, que el arte de vencer se aprende en las derrotas. Pero también tengo que agradecerte por que hoy me has dado un objetivo que antes no tenía.

“ Un guerrero acepta como una derrota, sin intentar transformarla en victoria” (Paulo Coelho)

Ultra Trail da Barbanza – 35 kms

Por JR

Vires acquirit eundo (“La fuerza se adquiere avanzando”) – Virgilio.

“La verdadera victoria no es la que se consigue tras una batalla ganada, sino la que obtenemos al aprender a levantarnos tras las batallas perdidas.” (Anónimo).

Sábado noche. Estoy nervioso. Lo noto yo. Lo percibe mi esposa. Nunca he corrido una distancia así. Sé que va a ser una prueba dura, por eso los nervios no me dejan conciliar el sueño.

Cuanto más se acerca la noche más inquietud me invade.

Sábado 3 a.m.. Sigo despierto y tengo que madrugar para la carrera más importante de cuantas he corrido hasta ahora: el “VI Ultratrail do Barbanza”, en la distancia de trail de 35 km.

Domingo 8 a.m.  Salimos hacia Riveira. Apenas he dormido tres horas. De camino le comento a mi mujer que me gustaría dedicar este trail a mis compañeros del club C.A.R Marisqueiro por todo el apoyo y ánimos que me han brindado desde que llegué al club. Le parece una buena idea .

Llegamos al punto de salida y el miedo, esa tenaza farisea, se empieza a apoderar de mi cuerpo, y empiezan a asomar los primeros pensamientos negativos: “No estás preparado”, “Te falta entrenamiento”,  “Estarías mejor en casa”,  “Tú no vales para esto”… El enemigo hace su aparición de forma prematura.
Dorsal en mano me dirijo hacia el arco de salida donde me encuentro a mis compañeros, los avezados Ramiro Álvarez y Alfonso Costas. Dos sonrisas tranquilizadoras. El poder de la veteranía. El calor del compañerismo.
Tras la foto de rigor, la #carmafoto, les comento que siento que necesitaba un mes más de entrenamiento. El poder de la veteranía habla: 
 “Corre con cabeza; ve con cuidado y si tienes que andar, andas”.

Ramiro, Alfonso y yo mismo. Con compañeros así…

El consejo retumba en mi conciencia: “Corre con cabeza”.  De acuerdo. Tengo ocho horas para acabar la prueba, tiempo suficiente por delante. Mi objetivo es ese: llegar a meta y romper ese muro que me frena.

Salgo sin prisas, a mi ritmo, sin pretensión de sobreesfuerzo.

El primer error lo cometo pronto. En el kilómetro 2 me detengo (une petite urgence, vous savez…) y pierdo de vista al grupo con el que corría. Soy ya el último del pelotón, pero no le doy importancia: mi propósito es acabar la carrera.

Sigo hasta una cascada preciosa que reconozco de otras pruebas disputadas en la zona y enfilo una cuesta, sigo corriendo… De repente me doy cuenta de que no localizo las cintas de baliza. Me he perdido. De acuerdo:  doy media vuelta hasta la última baliza que vi, e intento buscar otro indicador para continuar… No lo localizo.

Me doy cuenta de que no debí separarme del grupo. La visión reducida que padezco por causa del glaucoma me la está jugando y, como no podía ser de otra manera, los pensamiento negros – mi enemigo acérrimo – aparecen de nuevo: “No vales para esto. ¡Retírate!”. Omito esas señales engañosas del ánimo empañado y, en ese momento, se levanta una ligera brisa atlántica que hace  bambolear una cinta naranja. Es la baliza.

Consigo llegar hasta el primer avituallamiento. Me doy cuenta de que voy más lento de lo que yo creía, pero tengo el tiempo suficiente para completar el recorrido.

En el cruce donde se bifurcan los itinerarios de las cuatro pruebas: ultratrail, trail, minitrail y camina aprecen de nuevo los pensamientos aciagos que intentan desanimarme. Casi sin saber por dónde, un miembro de la organización de la carrera aparece de algún sitio para darme ánimos y decirme que continúe, que siga las balizas… Pero de nuevo, mi falta de vista me la juega y paso de largo, sin darme cuenta de que dejo atrás la cinta indicadora. Tengo que volver sobre mis pasos y encuentro de nuevo al chico de la organización que me indica el camino correcto.

Consigo llegar al segundo avituallamiento después de varios kilómetros siguiendo el camino trazado. No he perdido de vista las balizas pero el dios Neptuno no me lo pone fácil y me envía una siembra de frío granizo. No me rindo y, retador, miro al cielo y grito con todas mis fuerzas: “¿Crees que me voy a rendir? No lo voy hacer. ¡Te estás volviendo viejo! ¡Antes me enviabas tempestades con olas gigantescas! ¡Movías la fragata como un barco de papel! Apedrearme no conseguirá que desista!” 

Unas orondas vacas frisonas gallegas me miran atónitas: “Un humano loco, un runner alienado”. (No les falta razón).

La divertida estampa de la que soy protagonista se acaba pronto y vuelvo a la realidad: me he vuelto a perder.

Busco con desespero la señalización y decido que, a partir de ese momento, iré mucho más lento, realizando tramos de baliza en baliza, afianzando el recorrido.

Llego a una bajada que me hace frenar en seco. Vienen a mi mente mis perros y cómo bajarían ellos esa ladera: a saltos. Guardo los bastones y, como uno de mis perros, desciendo en saltos de cabra, para enfilar el tercer avituallamiento. Parada. Y el gran Manolo Castiñeiras como siempre infligiendo ánimos. Intercambiamos varias palabras y unas risas, también unos bocadillos de Nocilla y un “¡Ahora nos vemos!”. Me desea suerte para el tramo final.

Desfilo por la pronunciada por una ‘corredoira’. Estoy disfrutando: de bajar como un morlaco, del viento contra mi cara, de la música que está sonando, de no pensar…  Algo así es lo que deben sentir mis perros cuando corren sin un destino fijo, sólo por el gusto de correr… Y ahí cometo mi segundo fallo, y el que me remata. La estocada.

Mi enemigo vuelve, pero esta vez no dice nada. Está silente, pero amenazante como es él. Sólo se ríe. Se burla. En la euforia de esa carrera  ladera abajo, me he vuelto a perder.

Esta vez, sin fuerza suficiente para deshacer los pasos dados, me rindo a la evidencia de que estoy perdido, fuera del trazado. Dejo caer los bastones mientras mi oscuro enemigo sigue con su bufonada.

Grito de impotencia: “¿¡Por qué!? ¡Si iba bien! ¿Por qué me distraje?”.

Y tras ese grito, viene los más dolorosos: “¡¿Por qué tengo esta maldita enfermedad?!”

En ese momento me rompo y lloro. Es mi enemigo el que habla por mí.

Llamo a mi mujer. Ella espera impaciente. Tiene desde ayer una mala sensación con esta prueba. Le digo que me retiro. No puedo ocultarle el llanto.

Llego a la aldea de San Isidro, curiosamente al mismo pueblo donde se celebró el primer trail que abandoné. Y en eso minutos de espera, mientras ella me viene a recoger, mi odiado enemigo me machaca y me hunde cada vez más, hasta llegar a convencerme de que deje de correr trails.

Encarna, mi mujer, llega, se baja del coche y me abraza. Siento su calor; me reconforta. Pero, esta vez, mi enemigo negro se ha cebado conmigo y no soy capaz de levantar el ánimo.

Mientras volvemos hacia Riveira mi esposa, que ha estado callada un largo rato, me dice:

“Si  hace falta, entrenaré y correré contigo. Quizá no trail, quizá no grandes distancias. Pero empiezo a correr contigo y seré tu lazarillo”. 

Sentado en el coche, cabizbajo, hundido, aquella frase causó el resurgimiento de mis cenizas, como el ave Fénix.

Llegamos a Riveira, devuelvo el chip y notifico a la organización mi abandono. Y, aún abatido por la retirada, entramos en el mesón para comer. Allí, sentados, los mismos veteranos de la salida, Ramiro y Alfonso, empezaban su almuerzo al que nos unimos.  Me explayé contándoles mi vivencia. Y ahí, al calor del compañerismo, querido enemigo mío, noté que te empezabas a sentir incómodo y esquivo. Con cada palabra de ánimos, de vivencias, de experiencias, de ilusión relatadas por estas dos ‘almas de trail’ yo me iba sintiendo mejor, y tú, mi odiado enemigo, te hacías cada vez más pequeño.

Y, entre tú y yo, como en la película ‘Los Inmortales’ de Russell Mulcahy, los dos sabemos que “sólo puede quedar uno”.

Poco a poco me iba sintiendo mejor, recuperando el ánimo físico y anímico. Y al final, con el café de sobremesa, lo que te venció, la estocada que te condenó a la oscura gruta de donde no debieras salir nunca fue la frase de mi esposa. Esa frase que me había dicho a mí a solas, ahora la rubricaba ante dos magistrales testigos: “Seré tu lazarillo si hace falta”.

Ahí, en ese momento, perdiste la batalla, y te disolviste como un azucarillo en el café.

Y, mientras removía el mío decidí cuál iba a ser mi siguiente trail.

“La batalla más difícil la tengo todos días conmigo mismo”. Napoleón Bonaparte.

Se a montaña non ven ao CARMA…

Non é doado que unha montaña se mova. Eu cando menos non coñezo moitos casos de montes que foran correndo após das persoas, ainda que algún ten caído sobre aldeas enteiras para desgracia desas pobres xentes. Visto así o tema, o normal é que sexamos nós, os humanos, os que vaiamos onde están os montes… e no CARMA temos un grupiño de “malucos” sempre dispostos a subir e baixar por eses montes de dios: Jeff, Miguelbn, Banderas, Toniofrancia, Canido, Agüita, Linkinpark (cando non está lesionado) son solo unha pequena mostra. Se ademáis falamos de andainas entón o grupo medra considerablemente: Pili, Fifthelement, Xana, Gerardo e Yolanda…non sei se me esquezo de alguén.

O caso é que hai unhas poucas semanas algúns de nós participamos no único maratón de montaña que hai por estas terras… e iso que hai unhas cantas carreiras de montaña famosas e dignas de mención, pero só unha ten a honra de lembrar ó vello Filípides. Penedos do Lobo é, ademáis, recoñecida a nivel nacional como unha proba merecedora das máis altas calificacións en canto a percorrido, dureza e fermosura. Por algo forma parte do Circuito Alpino de carreiras de montaña xunto co famoso Galarleiz, o Jarapalos e o Maratón Alpino Madrileño… casi nada, vamos.

Esta vez participamos tres membros xa oficialmente recoñecidos no CARMA (Jeff, Banderas e Montxo) e outros dous que naquel intre ainda non o eran (Toniofrancia e Miguelbn) pero que xa levaban dentro metida a semente do noso equipo: a amistade por enriba da rivalidade; o amor polo deporte máis sinxelo e natural; o feito de disfrutar do ambiente antes, durante e despois das carreiras; e a capacidade de sacrificio persoal para axudar aos compañeiros nos momentos malos… o espíritu CARMA elevado á máxima potencia.

Desenvólvese esta carreira polas terras montañosas da Serra de Queixa, atravesando parte dos concellos de Trives e Chandrexa de Queixa, o que supón un desnivel acumulado de 3.133 ó longo dos 42 km. e pouco, pero especialmente concentrado en tres puntos: a subida do cortalumes que caracteriza os km. 12 a 14, prolongada un pouco máis ata case o km 16, ainda que con menor pendiente; a baixada atroz e rapidísima por un sendeiro estreito, serpenteante e cheo de mato e pedras soltas entre os km. 29 a 31 que nos leva ó pobo abandonado de Parada; e a durísima ascensión aos Penedos do Lobo, non tanto pola pendente que ten ou pola temperatura que xa acompaña aos corredores a esas horas da mañan nesta ladeira orientada ó leste senón polo cansanzo que xa acumulan as pernas logo de 35 km. de carreira, de outros 2 longos km.

O día presentouse fresco ainda que amenazaba con elevar as temperaturas nas horas centrais do día ata case os 30 grados en algúns puntos do percorrido, e de feito na saída a meirande parte dos participantes levaba gorra para o sol ó mesmo tempo que usaba braga no pescozo. O ambiente na saída parecía unha festa. Todo eran saúdos, apertas, nervios, abrazos e desexos de boa sorte para os compañeiros e rivais a partes iguais… outra das peculiaridades deste tipo de competicións nas que se vive un ambiente de camaradería envidiable. As fotos de rigor son testemuña silenciosa do que comento.

Saímos con puntualidade británica cara ós 42 km. con ritmo alegre pero coa cabeza pensando nos puntos críticos. Así e todo un despiste a menos de 10 minutos de carreira fixo que metese o pe errado no lugar que non debía. Mal comenzo para unha carreira tan longa e onde os tobillos son tan importantes. Pasaron voando os kilómetros fáciles na boa compañía de Montxo e do seu compañeiro Homedenejro, pero ahí estaba o cortalumes. Acabouse a festa e tiven que meter a reductora. A perna esquerda respondía mellor do esperado pero a costa era moito maior das que estou afeito a subir (e iso que preparei montaña) e tiven que deixar marchar aos meus compañeiros e ver cómo me pasaban ducias de corredores. Definitivamente isto iba a ser máis duro do que eu pensaba, pero abandonar non forma parte do meu vocabulario habitual.



A piques de rematar a ascensión saúdame con voz alegre alguén pola miña dereita. Era Toniofrancia, ao cal había ben de tempo que non miraba. Seica chegara tarde e saira de último, pero viña como unha moto. Díxome que viñera a facer un adestramento de calidade en montaña,
xa que o seu obxectivo era a vindeira Transcanaria (unha proba de trail moito máis longa e dura que ésta que estabamos facendo) e como o seu compañeiro de adestramentos estaba lesionado andaba solo. Díxome que se quedaba comigo, e así foi. Ata o derradeiro metro non deixou de acompañarme, apoiarme e axudarme anímicamente, e ben que llo agradecín, porque houbo momentos en que houbera abandonado de non ser por él. Non cheguei a decirllo, pero sí que o pensei varias veces… na Media maratón e, sobre todo, en Paradela antes da subida aos Penedos do Lobo.

Chegados ao cumio da Cabeza de Manzaneda semellaba que todo iba rodado, pero faltaba unha segunda metade que, según dixeran, era moito máis dura. Así foi. A baixada inicial non era perigosa nen dura, pero fíxose algo lúgubre porque esa parte do monte ardera pouco atrás e o cheiro a queimado no narís borraba o sorriso que a beleza da paisaxe adoita poñer na cara dos amantes da montaña. Logo viría a baixada estrela da xornada. Como sempre, fun quen de ir adiantando máis xente da que me adiantou a min (somentes unha muller) mentres durou a costa abaixo. Toniofrancia seguía alí, pegadiño a min a pesares de que, según él, o seu non son as baixadas. Polo camiño pasamos a un rapaz que seica torcera un tobillo e para o que xa había pedido un equipo de rescate. En Parada comprobamos que acababa de chegar un helicóptero da Garda Civil de montaña e un rescatador cruzou connosco. Dixémoslle a qué distancia estaba o ferido e seguimos camiño. No avituallamento había outro rapaz tirado no chan víctima tamén das pedras soltas na perigosa baixada que viñamos de pasar.

Trotamos suaviño o resto dos kilómetros ata Paradela, un sube e baixa sen demasiadas complicacións que transcorre por lugares absolutamente deliciosos: entre bosques, prados, regatos e suaves colinas. Logo, en Paradela, avituallamento líquido e sólido abondo e un intre de respiro. Queda por diante a peor das costas e xa o sol queima nas costas. Fotos de rigor gracias ao compañeiro de adestramentos de Toniofrancia e moitos ánimos.

Saimos de Paradela entre calellas case abandonadas ó seu destino, e apenas a 500 metros vemos a ladeira que temos que subir. Manchiñas de cores salpican unha senda apenas visible. Uns levan bastóns, outros só as súas pernas, e todos cansancio e sufrimento. As miñas pernas están moi cansadas, cada paso que dou teño que
animalas a seguir. Especialmente duro é mover a perna esquerda, que xa viña tocada da casa, e cada vez que a subo penso que vou ter que cantarlle algo para ver se así se anima. Paro unha, dúas, tres, catro… Ata seis veces teño que parar a respirar, estirar algo as pernas e ollar o que xa deixamos atrás para darme moral. Se miro adiante igual o penso dúas veces e deixo todo. Tonio dime que estea tranquilo; que non hai presa; que se non chegamos en 5 horas e media xa chegaremos en 6; que o peor xa pasou e que pense en que cada vez queda menos. Dígo que sí e iso me reconforta. Seguimos adiante e volvemos a ter a compañía do seu compañeiro, que nos tira máis fotos e nos comenta que xa case chegamos arriba. Ten razón. Un kilómetro máis e xa estamos no avituallamento do km. 38, xusto ó pe doutro pequeño cortalumes (éste non lle chega á planta do pé ao primeiro que tivemos que subir nin en pendiente nin en lonxitude) que superamos con relativa facilidade.

Arriba de todo atopamos unha pista de terra que nos leva, subindo só un pouquiño, ata a vertical da meta pero por enriba. Escoitase a megafonía ao lonxe e iso da ánimos para trotar un pouco. Non queda nada pero os metros non dan pasado. Ninguén por diante á vista xa. Por detrás tampouco se mira a ninguén. Nós ao noso, que é chegar o mellor posible para a foto. O choio xa está feito, unha baixada á dereita, un xiro ou dous máis e xa estamos. Collo a Toniofrancia da man e as elevamos en sinal de victoria. Sacamos as gorras para saír ben na foto e sorrimos. Toniofrancia aplaude. O meu sorriso non pode ser máis significativo: gañamoslle; vencimos á montaña; costounos case seis horas, pero cumplimos o obxectivo; chegamos sufrindo máis do xusto pero fixémolo.

Non hai que chegar antes que ninguén.
Tanto ten chegar máis tarde que outro.
Hai que chegar vivo e gozando do intre.
Hai que ter espíritu CARMA.

Fotos: algunhas fixoas o compañeiro de adestramentos de Toniofrancia, outras son “prestadas” da web da carreira. Podedes ver moitas delas e máis ainda neste vídeo.

Entrada:Banderas.