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La verdad es que esta carrera tenía algo muy especial para mí. Después de casi 6 meses volvía a ponerme la camiseta del CARMA, la mítica negra. Han sido 6 meses en los que he tenido que cambiar las zapatillas por los biberones, los dorsales por pañales, y los horarios de entrenamientos por horario de tomas. Así que después de una moderada vuelta a los entrenamientos durante este verano y con la vista puesta en alguna de las “clásicas”, me decidí a volver a la competición con esta sugerente prueba en Baiona.

Fue una gozada volver a encontrarse con los compañeros del CARMA y volver a hacerse esa foto de grupo (¿o es mejor decir de equipo?) que luego guardo en el disco duro y que de vez en cuando me gusta volver a mirar para recordar esa carrera. Para la foto estuvimos Tara, Tartarugo, Safardatxo, Canido, Cacho, Beauvais y un servidor, aunque luego pude ver también a Pasitos, Fran Mallo, Toñito y Miguelbm. En la foto también estuvo Bruno, sin duda futuro digno fichaje del CARMA

Las sensaciones al salir fueron tremendas. Echaba mucho de menos los aplausos antes del pistoletazo, los buenos deseos de la gente, las bromas, el sonido de las zapatillas en el asfalto. Me sentía bien, muy bien. Y ahora…a disfrutar de Baiona.

Las primeras cuestas no me pillaron de sorpresa. Algo había oído, algo comentaba la gente sobre una cuesta bastante dura, exigente… Me lo tomé con tranquilidad. Tanta que en un momento dado alguien me dio un toque por la espalda y me dijo : “despierta”. Eran Canido y Miguelbm. Estaba tan absorto en mis pensamientos que no me acordaba de que estaba en una carrera, y que se supone que hay que esforzarse un poquito ¿no?. Me desperté, me reí e intenté seguirles. Y lo conseguí, vaya si lo conseguí. Les seguí durante el resto de la carrera (¿A qué distancia? Ni idea, pero juro que iban por delante de mí).

Yo iba bien de todos modos. Y de repente aquello que empieza a picar para arriba, y empieza la cuesta, y sigue, y sigue… ahora sí que lo único que se oye son las zapatillas. No hablamos, nadie habla, sólo la gente que está a los lados de la carretera, que nos anima, nos aplaude, nos dan agua con las mangueras desde sus casas.

Hace calor. Mucho calor. Alguien dice que llegamos a los 32 grados.

No sé lo que duró la subida. No sé el tiempo que me llevó hacerla ni cuánto medía. Aunque llevo mi Garmin no quise mirarlo. Sí pensaba que menos mal que no acostumbro a correr con pulsómetro, porque en ese momento lo habría reventado (o me habría asustado al mirarlo).

De todos modos, aunque la cuesta no terminaba nunca ahí seguía yo, al tran tran, sin preocuparme, poquito a poco. Y acabó, como suele ocurrir.

Y a partir de ahí, bajada.

Una bajada bonita. Me gustó, sobre todo porque a partir de ahí ya conocía el terreno. Y al llegar a la orilla del mar me empecé a ver con fuerzas, sabiendo que quedaba poco y que iba bien, aceleré y empecé a adelantar gente (al menos es la sensación que tengo).

Y una vez más me ocurrió lo que tantas veces, que la carrera se acaba y me quedo con la sensación de que está muy bien, pero que podía haberlo hecho mejor. No importa, estoy feliz. He vuelto a las carreras, he vuelto a la competición.

E igual que siempre, antes de cruzar la meta repito como un mantra los nombres de mi familia. ¿Cómo siempre? No. Ahora además de Gloria, Yago y Pablo, digo el nombre de Óscar, y les dedico mi carrera.

Y qué tontería, me emociono.

Fotos de Andar y Correr 2011