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El día 15 de abril comienza muy tempranito. Como suele ocurrirme en día de maratón dormí ligero, me tuve que levantar un par de veces al servicio fruto de la acumulación de agua. (la hidratación en los días previos es una cuestión fundamental), y me desperté y erguí antes de que sonara el despertador. Hoy corro el maratón de París. En verdad está en mi cabeza desde que el 18 octubre de 2011 hice la inscripción. Hoy es un día para celebrar. Todo el trabajo esperas que se traduzca en una buena carrera. Hay una tensión, inquietud, hormigueo… que hace que funcione un reloj biológico que está ansioso de que comience el reto. 12’ antes de las 5 de la madrugada me pongo en marcha. Tras el pisito de rigor rápidamente me dirijo a la cocina (ventaja de estar en casa de familiares y no en un hotel) con sigilo para desayunar una taza grande de café cortado con leche. Sólido meto un buen número de galletas.
A las 5:15 ya terminé y toca ponerse la ropa de faena y echarse abundante vaselina en la entrepierna y entre los dedos de os pies. Luego último repaso de todos los accesorios: Garmin, pulsímetro, geles, pastillas de glucosa… Solo queda hacer tiempo estirando mientras no salimos de casa (son momentos en los que intentas relajarte). He dicho salimos porque tanto mis primos como mi tía se acaban de levantar y me acompañarán en este día señalado para mi. ¡Menudo sacrificio!
Siguiendo lo planificado a las 5:45 tomo medio plátano y guardo en la mochila el otro medio para tomarlo sobre las 8:00. Afortunadamente, en tres visitas, vacío el vientre o eso creía.

A las 6:15 todos estamos listos. La “hinchada francesa” constituida por tres generaciones de mi familia está presta. ¡Es una gente increible! Mis primitos de 3 y 9 años los primeros en animarme y ni una mala cara pese al madrugón.

Estamos a unos 20 Km de París y sabemos que llegaremos con bastante antelación. Son muchos días esperando este acontecimiento como para ir con prisas. A mi me gusta “ir quemando etapas”, nada de sobresaltos. Así que a las 7:00 ya estamos aparcando el coche. Para mi sorpresa conseguimos estacionar a escasos 100 metros de la zona de meta (ventajas de que te lleven gente que conoce París).

Hace frío y voy como las cebollas, con capas, en mi caso capas de ropa vieja que iré tirando cuando en de la salida.

A ritmo cansino, que ya habrá tiempo de ir deprisa, nos dirigimos al guardarropa. Deposito la mochila pero a los 50 metros tengo que retroceder pues dejé la braga (menos mal porque noto bastante el frío) y la esponja que da la organización para refrescarse con los calderos de agua que hay en el recorrido para ese fin.
Nos dirigimos cara a la zona de salida con parsimonia pues aún queda para que comience la carrera 1 hora y 20’. Como está cortado el tráfico en la rotonda del Arco del Triunfo aprovechamos para hacer la foto de rigor.

Ya estamos en los Campos Elíseos y aún no siento el vientre en condiciones por lo que paramos a tomar un café y aprovecho para una última evacuación. Cuando salimos se nota que avanza el tiempo y los Campos Elíseos han ganado en ambiente. Un rosario de corredores vamos camino de los cajones de salida y nos cruzamos con los supervivientes de la noche parisina.
Tengo que acercame hasta casi el arco de salida ya que estoy en el tercer cajón, el de las 3 horas, el que hay después de la élite, en el que están nuestros paisanos Pedro Nimo y Lolo Penas, y el cajón preferente. Faltan 40’ cuando entro. No hay demasiado espacio pero me pongo a trotar para combatir el fresco y calentar mi musculatura. Como novedad veo que hay unos meaderos de pared. La verdad es un gran invento del que haré uso cuando falten 15’. De seguido me dirijo a la parte delantera del cajón para coger una buena ubicación. En ese cuarto de hora que estoy parado intento relajarme, saludo de forma intermitente a mis familiares que están tras la valla a escasos 40 metros y, de vez en cuando echo un vistazo hacia atrás por si veo a Xosé Carrera y Fernando Rama, ya que serían unos buenos compañeros de viaje por lo menos en los primeros Km (luego me enteraría que estaban en el cajón de preferentes).
En los últimos minutos ocurre la habitual tirada de prendas de corredores hacia las esquinas como si de una guerra de proyectiles o un espectáculo de semi striptease.

A las 8:45, puntualmente, se da la salida. La táctica preconcebida es mantener un ritmo de 4’10’’/Km (mi Garmin va a darme más distancia que los 42,195 Km y “no me puedo permitir el ritmo de 4’15’’) que me facilitaría, de lograr mantenerlo durante toda la prueba, bajar de 3 horas. Salgo muy concentrado para intentar evitar algún tropiezo entre tantos atletas pero también echo una visual por si veo alguna camiseta amarilla de los Taninos. A los 500 metros veo un poco por delante a Juan Carlos Vidal pero esta no es la referencia Tanina a seguir. Demasiado rápido para mi. Así que le deseo una buena carrera y yo a lo mío. Hasta el Km 18 llevo una media de 4’09’’/Km. Todo va perfecto siguiendo el guión previsto y meto una pastilla de glucosa en la boca. En el Km 8 tomé mi primer gel y en el 9 Km me anima la familia. También quedaron de animar en los Km 19 y 30 pero no los veré. Parece que entré en calor y me bajo los manguitos.
La idea era pasar sobre 1:30:00 la media maratón y lo hago 1’ más rápido y con buenas sensaciones aunque en el Km 23, coincidiendo con que me cogen Xose Carrera y Rama, empiezo a notarme un poco más lento. Hablamos, sobre todo Xose y yo, ya que Rama va muy concentrado. El encuentro es una gran noticia que espero que me ayude a mantener el ritmo anterior. Durante 2 Km vamos juntos pero noto que no voy cómodo. El maratón es una prueba en la que hay que tener la mente fría y adaptarte a las circunstancias. Me hubiera gustado seguir con los compañeros pero faltan muchos Km y hay que actuar con cautela así que en los siguientes Km paulatinamente van sacándome metro a metro y tras pasar la zona de los túneles ya no los volveré a ver.
En los túneles se pierde el GPS y me da unos ritmos estratosféricos. Sobre todo en el primero, el más largo, que me da un ritmo de ¡1’09’’/Km! En los otros dos la pérdida de señal motiva que los ritmos reflejen 3’07’’ y 3’44’’. Tras los tramos subterráneos toca regresar a la realidad y se cumplen las sensaciones de ralentización. Tomo el segundo y último gel. La temperatura ambiente sigue siendo fresca y decido volver a subirme los manguitos. Los Km 30 y 31 salen a 4’29’’/Km. Con el marco incomparable de la Torre Eiffel definitivamente asumo que va tocar sufrir y mentalizarse para intentar no reducir más la velocidad. Bajar de las 3 horas se está poniendo realmente complicado. Aún tengo margen pero salvo cambio brusco de sensaciones…
Ha llegado el último tercio de carrera y se hace más presente un protagonista del día que no había aún mencionado: el viento, que junto con algunos tramos de adoquín, fastidia de lo lindo ya que ahora vamos más esparcidos los corredores. Antes me parapetaba detrás de otros corredores y no lo notaba tanto.
Me doy ánimos pensando que, a no estoy subiendo de 4’35’’/Km a diferencia de Berlín donde tuve parciales de 4’50’’ Son Km en lo que intento no desfallecer, en los que me acuerdo de los seres queridos, de los que nos dejaron y de los de mi casa. Más corredores de los que desearía me sobrepasan, entre ellos, al entrar en el Bois de Bologne, me coge el último de los globos (aquí eran banderas) de 3 horas. Durante 500 metros intento engancharme pero voy forzado. Quedan 6 Km y eso en un maratón puede ser una eternidad si te sales de vueltas. Así que en una sabia decisión veo como se aleja el sueño de ser sub 3 pero me aferro en una lucha contra el crono para conseguir una buena marca. Además llevo las piernas bastante cargadas y temo que se pueda subir un gemelo si fuerzo. Llevo una velocidad de crucero (media de este tramo final sobre 4’35’’/Km). Me consuela que también paso corredores, algunos andando, otros más fastidiados que yo. En el Km 39 me pasa otro Tanino, Dani Porto, al que animo diciéndole que tiene la posibilidad de bajar de 3 horas (no lo logrará por poco). El Bois de Bologne se hace realmente duro ya que casi no hay gente animando, el viento en contra te mata y la fatiga te hace mella. Solo el tener la meta tan cerca te anima a superarte y un grupo que estaba tocando “The Wall” de Pink Floyd.
A unos 100 metros de la meta oigo los ánimos de mis primos “Bravo Carlós” y afronto la recta final con el Arco de Triunfo al fondo. El esfuerzo ha valido la pena y ya ni molestan los malditos adoquines.
Me fijo en el crono y marca 3 horas 3’ 18’’. El sueño de ser un sub 3 tendrá que esperar pero he vuelto ha ganar al maratón y con MMP incluida.
Al parar y ponerme a andar mis gemelos parecen cuchillos. Me dan la camiseta conmemorativa y llega el momento emocionante en que un anónimo voluntario te cuelga la medalla y te felicita.
Decido entrar en la zona de masajes. Son 20’ en una cola a la intemperie pero valió la pena… Lo siento por mi familia que tuvo que esperar hasta las 13:45 para el efusivo reencuentro.

Tras comer, siesta y repaso de maleta toca el regreso a casa. A las 22:50 un vuelo me lleva hasta Oporto y luego viaje en coche hasta Vigo.
Cansado pero orgulloso me meto en cama a las 4:00 tras 23 horas de una jornada maratoniana.