Seleccionar página

 MARATÓN CORUÑA 2018
15 de abril de 2018

Por Papabaloo
Asumo que un par de semanas antes de un maratón estoy muy nervioso, reconozco que unos días antes estoy inaguantable, me empiezan a asaltar las dudas, me duele todo el cuerpo, desconfío de mis posibilidades, rebajo mis expectativas.
Y se me nota. Y por eso siempre escucho eso de: “¿pero de qué te preocupas? Ya llevas muchos maratones, ya sabes lo que es”.
Y por supuesto que sé lo que es.
Llevo 14 maratones acabados (y un abandono), y por eso no le tengo miedo a los 42.195, pero sí les tengo un inmenso respeto, porque sé que cualquier cosa, cualquier contratiempo, un pequeño resfriado, un pequeño dolor, una mala noche, una zona de viento durante el recorrido, cualquier cosa, puede dar al traste con tus sueños maratonianos.
Y así me presenté en la salida del Maratón de Coruña-C42, con la incertidumbre en el tiempo, en mis piernas y en mi cabeza.
Antes de la salida. Ganas e 
El día amaneció muy diferente a como parecía por la noche. Lo primero que hice al levantarme fue asomarme a la ventana y comprobar que la calle estaba seca, no se veían nubes amenazantes , la temperatura era agradablemente fresca y no parecía que hubiera mucho viento.
La salida de la carrera estaba prevista a las 8:30 de la mañana, así que los compañeros del CARMA (ya sabéis, el mejor equipo de atletismo del mundo) quedamos para hacernos la foto de rigor a las 8 en el obelisco. Al ser Campeonato Galego, a las 8:15 teníamos que pasar por cámara de llamadas, así que no hubo ausencias ni retrasos para la CARMA foto.
Javi, Ferre, Marzoa, David, Lete, Suso, Víctor y Hernán.
Por una serie de problemas (parece ser que ajenos a la organización) la salida se dio con 22 minutos de retraso, así que a las 8:52 comenzó un nuevo intento a esta mítica distancia.
El objetivo desde el principio fue no perder de vista el globo que marcaba las 3:30 e intentar pasarle hacia el kilómetro 30, igual que en las dos ocasiones anteriores en las que bajé de 3 horas y media (Sevilla 2015 y Valencia 2017).
Igual que en muchas carreras y en muchos entrenamientos, voy con Javi. Son muchos kilómetros juntos los que hemos hecho, así que hoy vamos a intentar hacer los 42.
El recorrido son 3 vueltas a un circuito de casi 14 kilómetros y una cola de meta final hasta la plaza de María Pita de unos 500 metros.
En los primeros 4 kilómetros ya podemos comprobar que en la zona de las playas el viento nos va a complicar un poco las cosas, así que decidimos juntarnos con el grupo de 3:30 para resguardarnos un poco. Es un grupo numeroso, muy animado. La liebre es Poulidor, del foro de “Correr en Galicia”, que nos marca un ritmo constante y va animando el cotarro con chistes, comentarios…hay muy buen rollo.
Nunca había ido en un grupo de estos, y mi sensación es bastante positiva. A lo agradable de ir acompañado, distraído y entretenido, se une el hecho de que no tienes que ir marcándote el ritmo, ni echando cuentas, ni calculando tiempos y distancias…aunque es inevitable que la cabeza se ponga a ello de vez en cuando.
A la altura del kilómetro 8 nos llevamos un buen susto con la explosión del globo. Tampoco fue problema, porque Poulidor ya se encargaba de recordarnos para qué estábamos allí.
Kilómetro 8. Ya sin globo
Entramos en el kilómetro 9 en la zona más fea del circuito. Un paseo por el puerto, con mal olor, desangelado de público, asfalto irregular. Son algo más de 3 kilómetros, después de los cuales abandonamos la zona del puerto y volvemos a “zona civilizada”. Se cumple una hora de carrera, hemos hecho algo más de 12 kms. Y la temperatura sigue siendo agradable (12 grados). La llegada a la zona de los cantones nos vuelve a meter en el ambiente de la ciudad y la carrera, ya que es aquí donde más gente se junta para animarnos. Los aplausos y gritos de apoyo son fuertes, hay que controlarse para no perder el sentido de la realidad, para no crecerse y para seguir controlando.
Pasamos los Cantones, Avda de la Marina, rodeamos el edificio de correos y pasamos por el arco de salida. Hemos completado la primera vuelta. Son algo menos de 14 kms., en mi cronómetro veo 1:08:27. Calculo por encima, y la liebre nos lo dice, que vamos unos segundos por debajo de conseguir “nuestro” objetivo de 3:30.
Comenzamos la segunda vuelta. Seguimos con el grupo pero, sin hablarlo, Javi y yo animamos el paso, sacando unos segundos.  No es mucho, porque seguimos escuchando sus risas y comentarios. De hecho vamos haciendo “la goma” con ellos. El viento sigue castigando en la zona de Orzán y Riazor. Al acabar esta zona, una vez que hemos subido la cuesta de la calle Manuel Murguía (km. 20), le digo a Javi que mi idea es intentar aguantar con el grupo, incluso ir despegándome de él, y en la tercera vuelta valorar la posibilidad de apretar los dientes y subir el ritmo. Me dice que vale. Lo iremos viendo.
Pasamos la media maratón en 1:44:27. Los clásicos cálculos de tiempos finales dirían que nos vamos a más de 3:30, pero yo no estoy como siempre, me noto con fuerza y con ganas, con decisión, con control de la situación. Y sabemos que el maratón es imprevisible, pero tengo una gran confianza en estar haciendo las cosas bien.
Bajando hacia la zona del puerto me da la impresión de que Javi va un poco tocado.  Le pregunto y me dice que todo va bien.
Kilómetro 22
Y entramos en el puerto. Otra vez la parte fea, otra vez sin público, otra vez los malos olores. Y ahí sí, Javi me dice que va algo tocado del aductor, así que levantamos un poco el pie y dejamos que el grupo vuelva a cogernos.
Este segundo paso por el puerto se me hace muy largo. Son los kilómetros del 23 al 26, y sé que el cuerpo va a empezar a “decir cosas”. No tengo ningún dolor, pero esto es muy largo, y reconozco que es mi principal miedo. Desecho la idea.
Javi me dice en varias ocasiones que me vaya. Me cuesta mucho, pero si me veo con fuerzas para la tercera vuelta creo que lo voy a hacer.
Acabamos la segunda vuelta en 2:17:28, es decir, la hemos hecho algo más lenta (1:09:21). Para conseguir 3:30 va a tocar ponerse las pilas.
Y es en el kilómetro 28 donde empieza mi carrera. Aprieto los dientes y subo un poco el ritmo. Toca empezar a sufrir. Reconozco que una de mis limitaciones es ésa siempre, el miedo a sufrir de más, el miedo a reventar, a no aguantar, pero hoy estoy decidido, me veo con ganas y con fuerzas.
La subida hacia la rotonda de la casa de los peces (2 kms) es dura. Me da la impresión de que el viento sopla más ahora. Cuando hago la rotonda compruebo que le he sacado ya algunos metros al grupo.
Aunque el viento sigue castigando ahora empieza la cuesta abajo, así que voy a aprovecharlo. Sigo la estrategia de fijarme en alguien y me digo: “a por ese”, y cuando le alcanzo me fijo en otro, y en otro, y en otro…
En el kilómetro 33 pienso en el hombre del mazo. Dicen de él que se esconde entre el kilómetro 30 y el 35, así que debe de estar por aquí. Pero yo no le veo, ni siquiera le siento cerca.
Me viene a la cabeza una frase, pienso que será buena para utilizarla como título de la crónica que escriba de este día. “Diosssssss, cómo me gusta el maratón”.
Y es que lo estoy disfrutando de lo lindo.
Y sigo adelantando gente. Vivo la sensación de estar yendo más rápido, y el gps me lo corrobora. En el giro de Riazor compruebo que la distancia que saco al grupo de 3:30 es mayor. Si sigo así bajo de 3:30. Ahora el objetivo es conseguir mejorar mi marca. Me cruzo con Javi y nos damos ánimos.
Justo antes del kilómetro 36 hay un espectador con un altavoz poniendo la música de “Carros de Fuego”. Le sonrío, le señalo como gesto de aprobación y le aplaudo. La verdad es que dan ganas de ponerse en “slow motion”. Pero ni es el momento, ni las fuerzas dan para ponerse a hacer el tonto, ni la mítica escena en las playas de St. Andrews es así, así que sigo a lo mío.
Y paso el kilómetro 36 en 2:57:34. Me quedan sólo 6 kilómetros, y tengo la posibilidad de conseguir hacer MMP. Lo peor es que voy hacia la temida zona del puerto. Pero voy crecido. Me concentro y decido no dejarme vencer.
Y de hecho en esta tercera vuelta es cuando más corto se me hace este tramo. Tengo la vista puesta  en la salida del puerto, en el kilómetro 40, en la vuelta al asfalto fino de esa avenida, en los dos últimos kilómetros.
Kilómetro 40, y 41…y 42

Kilómetro 42. Emoción contenida

Como siempre a estas alturas me entran ganas de llorar de emoción, la entrada a María Pita es espectacular, más espectacular que las otras 3 veces que he entrado aquí corriendo.
Voy emocionado, feliz, sonrío, grito, me río, se me saltan las lágrimas, y es que voy a acabar mi maratón número 15, y lo voy a hacer consiguiendo MMP.
A 10 metros de la meta veo a mi amigo Banderas, que me saluda, me aplaude, me anima y me hace fotos.
Entrando en María Pita
Y entro victorioso, con los brazos en alto , como no podría ser de otra manera.
 3:27:31.
NE NIKE KAMEN
La primera felicitación que recibo es la de Isidoro Hornillos, presidente de la Federación Galega de Atletismo, después la de mi amiga Pi, que está a pie de meta haciendo fotos. Me quedo en meta esperando a que llegue Javi, y me hace tanta ilusión verle llegar como haber llegado yo.
Bravo, amigo.
Con mi colega Javi, compañero de tantos kilómetros
Este año creo que no voy a correr otro maratón. Tengo otros planes, pero ya estoy deseando ver dónde volveré a intentarlo en 2019.

Datos para no olvidar
Tiempo total.-3:27:31
Ritmo.- 4:55
1ª media.- 1:44:27
2ª media.- 1:43:04
He hecho la segunda mitad de la carrera 1’23” más rápida que la primera
En la tercera vuelta he adelantado a 80 personas, pasando del puesto 312 al 232.
Por supuesto, tengo que acordarme aquí de todos los que me ayudan a conseguir estos sueños. A mis compañeros del CARMA, a mis compañeros de rodajes y entrenamientos, a mi entrenador, y por supuesto a mis hijos, capitaneados por Gloria. Muchas gracias a todos por ayudarme