Seleccionar página

Por Adán

Gran maratón Vig Bay.

El día, después de años de espera, había llegado. Sin duda el placer de compartir la distancia del maratón con tantos amigos lo hace una ocasión muy especial. Deportivamente llegaba a la cita con pocos kms. y sin preparar ningún plan específico, así que consciente de la dificultad del perfil lo más prudente era tratar de acabar en menos de 4 horas.

La teoría de carrera fenomenal, pero hasta ahí, porque la cabra tira al monte.

La parte práctica es que en la salida poco a poco, me fui dejando llevar por el ritmo de Chamorro, hasta alcanzar en el km 2 a Jorge Lamas, Xan y otro compañero del CARMA, con los que compartimos kms hasta el 12/13. Sin pretenderlo me adelante ligeramente de ellos metiéndome en un grupo de 6 corredores, con los que fui muchos kms.

El ambiente en Samil nos llevaba en volandas, desde luego es una suerte tener tantas caras conocidas animando durante el recorrido, gente que sabe de este noble oficio, te entienden, y saben las palabras exactas, para que tú persistencia no decaiga, los voluntarios siempre prestos para animar. Todo fluía mejor que bien.

Llegué a la zona del muro km30 y como me enseñó nuestro ángel Alejandro Febrero, solo quedaban dos series de 6, así que a por la primera tratando de mantener 5:15/5:20, seguíamos con algo de dolor descontando kms. A la entrada de playa América Bernardo Molares (al que llamamos el míster), y su mujer dan ánimos al grito de “mantén ese ritmo”, (y al mister no se le puede desobedecer).

Seguimos empujando y antes de entrar en monte lourido rebaso a mi amigo, y archienemigo en carrera Chamorro, que me dice “al pasear Monte Lourido tírate a tope”, y así trate de hacerlo. En el puente de la Ramallosa me quería morir, “qué duro es esto” iba pensando. Afrontábamos la recta antes de entrar en Bayona. “Hoy no se te escapa”, pensaba como dice Carlos Adán, “hoy es el día”. Así que apreté todo lo que pude, hasta llegar a meta, otra vez como poco, conseguimos mucho. Cruzaba línea de meta y me abrazaba con San Mikel, cual guerrero espartano aguardaba la llegada de los demás compañeros, bajo la lluvia y el frío con su camiseta de tirantes y su coraza de nécora. Las caras en meta reflejaban felicidad y cansancio por partes iguales, un mar de caras amigas estaban por todos lados. El frío y el cansancio nos impidió disfrutar más del calor humano tras entrar en meta y me voy directo a ducharme.

Rebajamos marca personal en 4’30 aprox y con margen de mejora.

Pd. Muchas gracias a todos por hacer que resultara más fácil, gracias también al que un día me dijo que en la maratón ganamos todos.