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La decisión
22 de diciembre de 2010. La inscripción para el maratón de Berlín 2011 acaba de superar los 20.000 corredores. El primer efecto es que el precio pasa de 60 a 80 eurillos y el segundo es que tengo que tomar una decisión porque a poco que me demore uno se puede quedar sin plaza. Pues nada, pequeña consulta a Ana y me lanzo como si fuera mi premio en el sorteo de la lotería de Navidad.
Falta mucho, 9 meses, tanto que, sin saberlo en ese momento, ya llevaré 2 maratones más a las espaldas. Cuando hice la inscripción puse como objetivo realizar 3 horas 10 minutos.
La preparación
Cuando inicié la preparación, estimulado por los buenos resultados de los meses anteriores, me marqué (previa consulta al mister) una meta mucho más ambiciosa: ser un sub 3 horas. Sabía que sería muy difícil pues suponía rebajar casi 12’ mi marca pero por ganas no quedó. El entrenador ya me lo dijo al mandarme el plan de 7 semanas: puedes lograrlo pero será difícil sobre todo porque no has descansado lo suficiente. Tiene razón pero en lo que va de año no me sentí en ningún momento saturado. Necesito como el drogodependiente mi dosis de entreno. No sé si catalogarlo de obsesión pero si lo es no me preocupa porque me hace feliz. Fue un plan de 7 semanas porque Pedro, el mister, consideraba que tenía fondo. Lo cumplí a rajatabla. No hubo un día que faltara al deber y prácticamente cumplí con los tiempos marcados. Tengo que agradecer en esas fechas la ayuda en algunos largos de Marcosmonki y Govi y las muestras de apoyo de much@s camaradas. Desde luego una de las cosas que me llena de orgullo en los pocos años que llevo en el mundillo es los compañeros y compañeras que conocí.
Los días previos
Marchamos Ana y yo, sin las niñas, para Berlín el jueves. La idea era compatibilizar ocio y la carrera. Así que el viernes fue un día “maratoniano” de turismo y el sábado mucho más relajado con vistas a intentar estar descansado al día siguiente. Esos dos días no fueron muy diferentes de lo que suelo hacer en estos casos: entrenos muy cortos y suaves, mucha pasta, intentar estar relajado aunque sea inevitable que te venga a la cabeza la carrera y la táctica a seguir y el sueño de pasar la meta con el tiempo soñado.
También cumplí con la costumbre de ir el sábado a recoger el dorsal. Tremenda la feria del corredor de este maratón. Muchos stands aunque gangas, gangas… Esa mañana y hasta la sobremesa estuvimos en compañía de dos colegas de Ponteareas: Rama y Fonteíña junto con sus respectivas parejas y la cría de estos últimos. A la tarde la cercanía del evento se nota y no paro de resoplar.
Esa tarde mi mujer realiza un trabajo excepcional de falsificadora. Me explico, tras tantos meses desde la inscripción mi objetivo ha variado y ya no pretendo realizar 3 horas 10’ sino 3 horas. Además la idea es comenzar la carrera en compañía de Rama y Fonteíña que se encuentran en el cajón C. Solución: cambiar la letra D de mi dorsal por una C.

Domingo de maratón Cumplo con el guión establecido. Levantarse a las 6:30 desayuno de un buen café con galletas, estiramientos, evacuación y hacer acopio de todo lo necesario, poniendo especial atención al amuleto que me ha hecho mi hija Laura. Antes de salir camino de la de la puerta de Brandenburgo medio plátano. Allí quedé con los compañeros y camino de la zona de sálida nos encontramos a Pedro Nimo y Elías Domínguez a los que deseamos suerte. Con el primero nos volvemos a cruzar en un par de minutos y tiene la deferencia de hacerse una foto con nosotros. Le deseamos suerte.
Nos acercamos a la valla de acceso a la zona de la élite y vemos a dos mitos como Gebreselassie y Paula Radcliffe. Cuando entramos en el cajón C (el voluntario de acceso ni miró el dorsal) faltan escasos 5’ para el comienzo. Estoy muy tenso porque con los árboles no logro coger satélite y ya me veo comenzando la prueba sin reloj. Por fin, solo quedan 2’, mi Garmin responde. Estoy en compañía de Fonteíña y Rama. Salgo mentalizado con el objetivo de referencia de marcar parciales sobre 4’15’’/Km. En los primeros metros veo varias veces para atrás para ubicar a mis compañeros. Ya solo veo a Rama que me pasa y decido dejarlo marchar. Aunque no hay apelotonamientos grandes, somos muchos atletas y extremo la guardia ante cualquier posible retención que suponga un encontronazo. Sobre el Km 1 enlazo con el globo de las 3 horas y decido sobrepasarlo para evitar el típico embotellamiento que le acompaña. En el Km 3 el globo me sobrepasa. Yo veo que mi GPS marca un ritmo de 4’15’’/Km y me ciño a ese guión. Voy tranquilo pese a que noto como el globo me saca lentamente unos metros pero ya tendré tiempo de recuperar. Hay bastante animación en las calles (pero no llega al nivel de New York) Paso el primer 5000 en 21:19 (ritmo 4’16/Km). En los dos siguientes Km cuido de ir pegado al lado derecho ya que la mujer de Rama y la mía nos esperan sobre el Km 7 para hacernos una foto. Pese a que hay mucha gente las veo y siento su ánimo. Paso el segundo 5000 en el mismo ritmo (según el crono oficial vuelvo a clavar 21:19). Pocos metros después de pasar el 2º avituallamiento (por cierto hasta el ecuador de la prueba son momentos de peligro porque se cruzan corredores y el riesgo de caída es elevado) me doy cuenta que no me tomé el gel que pensaba en el Km 8 y decido hacerlo pero el problema es que ya no tengo agua. Hay que esperar al siguiente punto de refrigerio. El tercer 5000 lo hago un poco más lento (tiempo oficial 21:37) pero lo achaco a la pérdida de tiempo al coger agua. En todos estos puntos bebo y me mojo con la esponja que da la organización en la bolsa del corredor y que tienes que llevar en toda la carrera. El globo de las 3 horas sigue a la vista. En el 18 meto en la boca una pastilla de glucosa y en el siguiente avituallamiento tomo un trozo de plátano. Ya estamos en el Km 20 y mantengo un ritmo de 4’20’’/Km (oficiales 21:36 en este 5000). Paso la media en un esperanzador tiempo de 1:30:37.
En el Km 21 nuevos ánimos de Mónica y mi mujer. Empieza la segunda parte de la prueba y desde el 22 noto como ya no voy tan fresco. El ritmo bajó a 4:28/Km. Para colmo cojo un gel de la organización y al intentar guardarlo paro el reloj (en ese momento no soy consciente de ello). Intento avivar el ritmo pero veo que sigo al mismo ritmo (normal, el reloj estaba parado). En el Km 23 paso a Rama que va tocado. El parcial entre el Km 25 y el 30 lo hago a 4:26/Km. No solo no he conseguido recuperar el ritmo de 4:20 sino que noto cansancio pese a tomar otro gel y la musculatura empieza a resentirse. Lo único positivo que los corredores ya vamos más esparcido. En los puntos de avituallamiento decido coger agua hacia el final de los puestos con lo que evito posibles choques. Desde el Km 30 tendré una lucha psicológica para no pararme. Espero recuperarme un poco y pienso que solo me quedan 50’ corriendo. Eso no es nada. Cuántas veces entreno 50’ como si nada. Pero lo que sobra es tiempo para pensar e intento canalizarlo para no desfallecer. Para ello utilizo varias tácticas: que si la cuenta atrás de los Km, que si voy a conseguir mejorar mi marca, que si tengo que evitar subir de 5:00/Km. Llevo 2 hora 10’ y me acuerdo de Pedro Nimo y deseo que esté presto a entrar en meta cumpliendo su objetivo. El calor empieza a apretar y las piernas van bastantes tensas. Rememoro New York y el latigazo que me dio el isquio derecho en el Km 39. Espero que mis piernas sean mis aliadas y no se rindan, que luchen al igual que está haciendo mi cabeza. A todo esto desde el Km 25 aproximadamente puse en marcha el Garmin de nuevo. El 5000 que va del Km 30 al 35 lo hago a 4:40/Km. Me digo que hay que echarle coraje, que aunque me pasen corredores yo también sobrepaso algunos, que no me puedo rendir. El ritmo a duras penas consigo que no supere el 5:00/Km. Así el parcial del 35 al 40 se va a 4:56/Km (unos interminables 24:40). Voy muerto y quedan 2 Km.
La suerte es que en pocos metros hay un giro a la izquierda y entras en Unter den Linden, con la puerta de Brandenburgo en la lontananza te entra un subidón. Voy desecho pero confiado de bajar mi marca, suplicando que la musculatura no diga basta. Vuelvo a ir pegado al lado derecho ya que las chicas tienen que estar pasada la puerta de Brandenburgo. Allí están con su ¡Vamos Pancho! La emoción me embarga en el medio del vociferio. Da tiempo de pensar en los que ya no están. Sobre todo en mi madre y es que ¡madre solo hay una! Esa madre a la que dediqué mi primer maratón el día de su cumpleaños y a la que espero no cansarme de dedicarle maratones. Como dice un amigo mío solo queda disfrutar de los últimos 195 metros. Paso bajo el arco y veo que el reloj marca 3 hora 9’ y escasos segundos (netos 3 horas 8’ 43’’). Levanto los brazos y por fin paro de correr. Me dan la medalla y la beso como el más preciado de los trofeos que nunca gané. Estoy destrozado pero vencí al maratón. En la siguiente media hora no paro de andar. Voy rígido pero sé que es aconsejable. Estamos en Alemania y me cojo un vaso de cerveza de la empresa patrocinadora. Ando y salgo de la zona de llegada y voy junto a mi mujer andando paralelo y en sentido inverso a un sin fin de gladiadores que están recorriendo los últimos metros de su gesta particular. Se me pone el vello de punta ante tanta emoción concentrada entre los gritos de sus familiares. Se encaminan orgullosos a la meta y es que son maratonianos.
En las dedicatoria, además de familia y compañeros que me han alentado en estas semanas, un especial recuerdo para el convaleciente Ricardo Otero “Cachofoucellas” y para. Desde el punto de vista atlético mis más sinceras gracias para el míster, Pedro Igor, por su ayuda y apoyo.
La reflexión
Hacer 2:59:59 era un objetivo muy ambicioso. Pese a los ánimos de los compañeros y que salí a intentarlo, en las últimas semanas de preparación era consciente que lo lógico sería andar sobre 3:05:00. Mantengo la ilusión de ser un sub 3 y soy optimista porque me queda toda la vida por delante jejeje.