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Gustosamente acepté la consigna del club de hacer de liebre en la PreVig-Bay para el grupo 1h 30 – 1h 35. Digo gustosamente pero también tenso por la responsabilidad de si sería capaz de cumplir con el cometido rodeado de gente de tanto empaque. No podía olvidar que mi marca en la anterior y única edición en la que participé fue de poco menos de 1h 35. La cosa es que salí a ritmo (4’36’’ primer Km)…

y bajando en los siguientes de manera que al paso por el alto de Canido vamos a una media de 4’22 y voy con la sensación de que me están pisando las zapas. Además mis piernas están un poco rígidas por lo que decido que algunas gacelas se coman a la liebre y bajar algunas posiciones.

Por el primer avituallamiento en el Km 10 pasamos en 43’40’’ y mismo se me ocurre desde la cola del grupo decir “que mierda de liebre” lo que provoca en el que dirige el pelotón que aumente el ritmo. Rápidamente le aclaro que era una broma referida a mi persona, ya que en teoría yo era la liebre. A partir de entonces los siguientes Kms me los planteo con el objetivo de intentar no descolgarme y contaré con la ayuda de Fran y de SAISAI hasta la bajada a playa América. Los compañeros van calentitos y están haciendo Kms por debajo de 4’/Km. A duras penas consigo seguir a unos metros del grupito hasta la Ramallosa. Ya en solitario hasta la llegada llevo la sensación de ir fundido pero la sorpresa es al llegar a meta comprobar que los realicé a 4’20’’.

Finalmente la liebre llega en 1h 30’ 42’’ que se hubiera correspondido con su cometido y con la grata conclusión de que la próxima Vig-Bay, si nada se tuerce, puedo bajar de 1h 30’.

Habrá que hacer un nuevo dicho: “Liebre el último”