Seleccionar página
Este año me tocó hacer de guía en uno de los cinco grupos de corredores que se hicieron para llevar de forma más o menos organizada a los, en principio, esperados 99 corredores… y se supone que sería un grupo bastante abundante, puesto que se corresponde con la gente que hace las medias maratones entre 1hora 45′ y las 2 horas.

Las instrucciones al respecto del ritmo a llevar eran claras: no bajar de 5′ el km., ya que eso supondría rebajar el marco inferior del grupo (la hora y tres cuartos), y con ese ánimo nos aproximamos a la zona de salida 17 corredores.

Tras aguardar unos minutos por un compañero de A Coruña que había tenido que hacer una visita de última hora al baño salimos a un ritmo ligeramente más rápido del marcado, pero como había muchos kilómetros para corregir ese fallo no nos preocupó que desde el principio se descolgaran dos corredores que, además, conocen el recorrido a la perfección pues ya han participado en más de una Vig Bay.

El primer kilómetro, así y todo, salió en un tiempo más que razonable de 5’12”. El grupo, salvo esos dos viejos colegas y conocidos (Khene e Irdam), permanecía compacto y animado, charlando de lo divino y lo humano. Los siguientes kilómetros, llanos prácticamente en su totalidad, se hicieron a ritmos relativamente bajos para el objetivo del grupo. Salieron parciales de 5′ 06”, 5′ 04” y 5′ 05” (en dos ocasiones) hasta que, ya en el kilómetro 6 (con el primer obstáculo del recorrido) el ritmo se tranquilizó ligeramente y pasamos a 5′ 13” y 5′ 15” en la subida.

De vez en cuando me giraba para ver cómo iba la gente y preguntaba si el ritmo era demasiado rápido o si, por el contrario, lo manteníamos. La respuesta habitual era que todos iban perfectamente… incluso algunos demasiado cómodos. Como ya se ha comentado, alguna gente se anotó en un grupo pero debería haberlo hecho en el siguiente más rápido, ya que de vez en cuando me veía forzado a retener algo a algún corredor que se adelantaba al grupo.


Paso polo primeiro avituallamento (Km. 10)

Del kilómetro 7 al 13 los ritmos que se mantuvieron siguieron siendo razonables para el objetivo de 1 h 45 minutos, y el grupo siguió con los ligeros toboganes de la parte alta de Nigrán… las caras reflejaban felicidad y comodidad, y sólo el paso de un coche de la Guardia Civil ensombreció nuestros rostros radiantes por la suerte que nos había acompañado: nada de frío ni de calor, nada de lluvia ni de viento… perfecto para que la marca conseguida refleje la realidad física de cada corredor.

Al llegar al kilómetro 18, bajando ya hacia Playa América, la gente se animó y comenzaron los primeros ataques serios. El grupo, hasta ese momento compacto, se estiró más de 100 metros a lo largo de la bajada y ya en terreno llano debió alcanzar los 200 metros.

Viejos conocidos copaban las primeras posiciones del grupo, como Epelper y su mujer, Aurora, que este año no correrá la Vig Bay porque estará en Málaga participando en el Campeonato de España de Veteranos de Media Maratón con esperanzas de alcanzar podio en su categoría, y algunos llegan a adelantarse más de 100 metros a lo que queda del núcleo principal del grupo. Los ritmos se aceleran y pasan a estar por debajo de 5´/km., de modo que salen parciales de: 4′ 49”, 4′ 57”, 4′ 58”, 4′ 50”.


Paso por el segundo avituallamiento (Praia América)

El grupo se demorona totalmente en A Ramallosa, con Baiona ya a tiro de piedra, y las hachas en todo lo alto convierten un entrenamiento de lujo en toda una batalla de individualidades que eleva los ritmos aún más. Salen parciales de 4′ 34”, 4′ 34”, 4 ‘ 25” y 4 ‘ 20” en lo que resta hasta Baiona… ni que fueramos a ganar algo.

Atrás hemos dejado hace rato a la mayor parte de los corredores del grupo que haría la distancia entre 2 h. y 2 h. 15 ‘ y ya comienza a pasarnos la vanguardia del grupo más rápido, que tendría que hacer el recorrido en torno a la hora y media. Por lo que veo los cálculos de tiempos están clavados, y la mayor parte de los participantes llegará en una horquilla de unos 15-20 minutos. Objetivo conseguido: hemos traído hasta Baiona a un montón de desconocidos que, por un rato, han pasado a ser colegas y amigos.


En la llegada tenemos a nuestras compañeras y compañeros de equipo que han asumido la responsabilidad de que todo esté perfectamente organizado, coordinado y a tiempo. Las bebidas perfectamente colocadas, la ropa seca lista para ser entregada y las cámaras de fotos no paran de captar la satisfacción reflejada en nuestros semblantes. Ha sido una mañana casi perfecta, como ya se ha dicho una y otra vez, y esperamos que todo salga igual de bien el día de la prueba… eso sería la mejor continuación a este preámbulo de lujo.

Compañeros y compañeras intercambiando impresiones en Baiona.

Crónica: Banderas
Fotos: MapleLeafs