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Voy a ser el primero en publicar una crónica de carrera en “Las crónicas de Narnia“, huy que diga, “Las crónicas del Carma“.

Me plantaba en la salida de la Carrera del Pavo después de 2 semanas de descanso activo post-maratón con 4 días de trote y otra semana donde sólo había hecho un progresivo bastante corto y una tanda de 20*100, para coger algo de chispita. Un bagaje bastante corto para presentarse en una carrera donde se decía que era popular pero que no participaba mucha gente, lo que parece una contradicción.


El Vicepresidente junto a Safardatxo y quien esto escribe.


Era una mañana fría de solemnidad (2ºC) y bajo la atenta mirada del presidente y vicepresidente del Carma se da paso a la salida y los 100 participantes salen como motos. Trato de coger el ritmo rápido y en la primera vuelta noto ya que la carrera va a ser rápida y de ritmos fuertes. En seguida noto una sensación mala: los pies están muy sueltos en las zapatillas. Pienso que es por correr con unos calcetines finos tobilleros… pero ¡no! un cordón se está desanudando y por fin se desata. Por fortuna, lo hace en la parte del circuito que tiene menos público y lo hace al poco de pasar el primer kilómetro. Uno es globero, pero tiene dignidad. Pocos espectadores se dan cuenta y parar ahora a atarme el cordón no me cortará tanto el ritmo. Así que después de esta pastelada me coge un compañero y decido ir con el a relevos…pero soy muy malo dando relevos y le voy dejando poco a poco.


Era evidente que tenía que atar los cordones.


Le espero durante más de una vuelta pero no me da cogido y decido tirar las 2 vueltas y media que me quedan por mi cuenta. Eso supone hacer unos 4 kms solo porque ya no hay grupos, voy bien de fuerzas, pero poco a poco la dureza del ritmo se hace notar y las sensaciones son de cada vez más dificultad. Sin embargo, espoleado por los ánimos de mi entrenador “¡¡¡¡Espabila hombre!!!!”, consigo subir un poco el ritmo en la última vuelta y superar a un rival en Montero Ríos (a la altura del Lo Latino) y a otro del Academia Postal en la cuesta de García Olloqui (que mide unos 150 metros y debe tener un 1% de desnivel pero a estas alturas es un muro) y encaro los últimos 100 metros de recta final donde acelero poco a poco, despliego los alerones, quito el tren de aterrizaje, escucho el atronar de la gente animando y golpeando las vallas publicitarias, despego…… y me veo superado por el del Academia Postal justo al cruzar la meta. El sprint no es lo mío, desde luego. En fin, puesto 36 de 106 participantes y ritmo de 3’39, que no está mal.

Uno de los pasos por zona de meta.


Pero lo mejor fue correr 6 vueltas animado por compañeros de entrenamiento, por la más alta representación del Carma, por mi mujer, mi hijo, mis padres, mis hermanos, cuñados, sobrinas, por unos amigos que estaban paseando y me vieron, por un jefe del trabajo y por un concejal y varios ex-concejales que venían a recoger sus distinciones por “apoyar” el atletismo de mi ciudad. Disfrutar esto no tiene precio.

Bareixa